Amar en pareja es un arte (2ª parte): de la relación simbiótica a la relación madura

Amar en pareja es un arte: de la relación simbiótica a la relación madura, es la segunda parte de un artículo que tiene su primera parte en  Amar es un arte (1ª parte): un amor maduro.

En la primera parte, presentaba la idea del amor maduro como el fruto de un aprendizaje y sentaba las bases de las premisas y suposiciones falsas que nos llevan a fracasar en el amor (más de lo que desearíamos).
En esta segunda parte, tiro del hilo y me detengo en el arte de amar en pareja, donde las expectativas, visiones románticas y anhelos, engullidos a través de referentes consumistas y capitalistas, nos llevan a seguir fracasando en lo que creemos que es el amor en pareja. Hago un recorrido desde la unión simbiótica hasta la relación de pareja madura.

¿Amar en pareja es un arte? 

Antes de iniciar la escritura, me tomo unos momentos para respirar. Dejo mis manos descansar sobre el teclado del ordenador, y siento mi espalda y la tensión de mis cervicales. Relajo el cuello y desvío mi mirada que se encuentra con la novela que estoy leyendo, y donde veo un pósit que marca la página que me dejó atrapada. Busco la página y releo: 


"En cuanto a la imagen del calcetín, dice que le viene a la memoria el gesto de las madres al zurcirlos con la ayuda de aquel misterioso huevo de madera que había en todas las casas. El zurcido era un arte de la costura que consistía en arreglar un roto de tal modo que no se notara la reparación. Se requerían para ello dotes enormes de paciencia, de conocimiento del tejido sobre el que se operaba, pero también de amor por la prenda, por su dueño y por el trabajo bien hecho. El zurcido tenía algo de microcirugía en la medida en que había que tapar el agujero uniendo los hilos sueltos del roto como el cirujano ensambla los capilares deshilachados de una herida".
(Pág. 90, La mujer loca de Juan José Millás)

 

¿Es el arte de amar en pareja algo que se asemeja a la imagen de un zurcido?
 

Respiro profundo. La pregunta me incomoda. Siento como si debiera tener una respuesta y salir de este embrollo al que he llegado. Vuelvo a respirar. Ahora sí, siento que zurcir calcetines de esta manera me conecta con un nuevo arte que requiere enormes dotes de paciencia, conocimientos del tejido y amor por la prenda, tal y como escribe Millás. Te recuerdo, lector, que veníamos de Amar es un arte (1ª parte): un amor maduro, donde afirmaba que amar es un proceso de aprendizaje, como si de un arte se tratara, siendo este arte el más importante.

Pues bien, si me quedo con la paciencia, el conocimiento y el amor, me recuerdan a los tres elementos que faltan en un costurero cuando una pareja llega a mi consulta porque quiere iniciar un proceso de terapia. De alguna manera, la relación está rota o se está rompiendo, como el calcetín agujereado. Veamos algo más del estado de esta relación.
 

  • Queda muy poca paciencia, si es que la hubo alguna vez. La paciencia da paso a la exigencia y al reproche. Resulta que todo lo que se hizo, se hizo por y para el otro. Y, a cambio, ¿qué se recibe? ¡Nada! Las justificaciones, los ataques y las defensas están a la orden del día.
     
  • La energía está puesta en el otro. Y esto implica una dosis muy baja de autoconocimiento y comprensión del lugar que ocupo yo en la relación, de lo que siento yo, de lo que me pasa a mí.
     
  • La chispa del amor ha desaparecido. Se habla de rutina, inercia, aburrimiento, esfuerzo, obligaciones. Ya no se recuerda la última vez donde el placer, la creatividad y el juego estuvieron presentes. Intimidad y conexión son palabras vacías.

¿Cómo se llega a “este roto”? Para responder a la pregunta, vuelvo a mencionar a Erich Fromm, tal y como ya hice en la primera parte de este artículo.

La unión simbiótica tiene su patrón biológico en la relación entre la madre embarazada y el feto. Son dos y, sin embargo, uno solo. Viven juntos (symbiosis), se necesitan mutuamente. El feto es parte de la madre y recibe de ella cuanto necesita; la madre es su mundo, por así decirlo; lo alimenta, lo protege, pero también su propia vida se ve realzada por él. En la unión simbiótica, los dos cuerpos son independientes, pero psicológicamente existe el mismo tipo de relación.

De la separación con la madre surgió la angustia. Unirnos es la forma que hemos tenido los seres humanos de aliviar esta angustia y salvarnos de la temible experiencia de la soledad.

La forma pasiva de la unión simbiótica es la sumisión. Se exagera el poder de aquel al que uno se somete, se trate de una persona o de un dios; él es todo, yo no soy nada, salvo en la medida en que formo parte de él. Como tal, comparto su grandeza, su poder, su seguridad. La persona sumisa no tiene que tomar decisiones, ni correr riesgos, nunca está sola, pero no es independiente, carece de integridad, no ha nacido todavía.

Sumisión o dominación, sea como sea, resulta de una fusión sin integridad. Esto no es amor maduro. Es un amor que se quedó fijado, anclado en el sentido de estancado, no evolucionó, y no pudo madurar. El resultado son relaciones de pareja en las que parecemos más bien chiquillos y chiquillas buscando que nos cuiden, nos den de comer y tomen decisiones por nosotros. Esto es, zurcir los rotos de la infancia presentes en un cuerpo adulto.

«En contraste con la unión simbiótica, el amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad. El amor es un poder activo en el hombre; un poder que atraviesa las barreras que separan al hombre de sus semejantes y lo une a los demás; el amor lo capacita para superar su sentimiento de aislamiento y separatividad, y no obstante le permite ser él mismo, mantener su integridad. En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos» (p.37, El arte de amar de Erich Fromm)

El amor es un poder que produce amor

¿Cuáles serían los ingredientes básicos en una relación de pareja en-Amor?

Probemos con estos cuatro ingredientes: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

Si un hombre nos dijera que ama las flores, y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su “amor” a las flores. Amor busca cuidado. El cuidado pide atención y tacto. También implica otro aspecto del amor: la responsabilidad.

Hoy en día se suele usar ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto que viene de dentro, es una respuesta a las necesidades internas y también a las de otro ser humano. En este caso, la pareja. Y aquí viene el quid de la cuestión, con su correspondiente confusión. ¿Dónde llega mi responsabilidad para con el otro? Mi experiencia me demuestra que cuando yo me hago responsable de mis necesidades, se abre la posibilidad de que el otro pueda ocuparse de las suyas propias. Yo no le responsabilizo de lo mío (con las posibles consecuencias de culpabilizarlo y/o victimizarme), y así el otro puede responsabilizarse de lo suyo, y viceversa.

Respeto no significa temor y sumisa reverencia. Denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere=mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse (que no responsabilizarse) de que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad. L’amour est l’enfant de la liberté, dice una canción francesa. El amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.
 

El anhelo de conocernos a nosotros mismos y de conocer a nuestros semejantes fue expresado en el lema délfico:

"Conócete a ti mismo"

Dar comprensión a las dinámicas que se producen en la relación, así como conocer las dinámicas personales son imprescindibles para conocer la propia relación: ¿Qué me mueve?, ¿qué rol ocupo?Un proceso de terapia puede ser una buena opción para ocuparnos de este autoconocimiento.

 

Cuando pasamos la barrera de ser amados (propio de cuando somos pequeños, indefensos, enfermos o “buenos”) a amar, entonces podemos hablar de un amor maduro. Al amar, abandonamos la prisión de soledad y aislamiento que representa el estado de narcisismo y egocentrismo. Superamos la etapa infantil, transitando por la adolescencia hasta llegar a la edad adulta. El amor infantil sigue el principio de “amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

La persona madura es aquella con capacidad de autocuidado, responsable con sus necesidades y deseos, en un contexto de conciencia y respeto a sí misma, a través del propio conocimiento y comprensión de quién es.

La relación de pareja madura es aquella en la que dos sistemas de energías interaccionan desde el cuidado responsable y consciente, al tiempo que este cuidado es individual y mutuo. La relación de pareja es un acuerdo, y este acuerdo se actualiza y se riega todos los días. Se transforma como lo hacen las estaciones del año. ¡Todo un arte. Sin lugar a duda!

El amor no nace construido (aunque fantaseemos con otra película). Crecer y madurar dentro de una relación de pareja incluye valentía para poder mirar las dificultades personales -generalmente originadas en la infancia de cada uno- y construir un camino de crecimiento en la propia dinámica de la pareja. Lo que yo llamo, un proyecto en común

Una relación amorosa puede convertirse es una relación madura y sana o permanecer infantil, idealizada y neurótica. Depende de cada uno de nosotros que queramos zurcir nuestros rotos con gracia y esmero, con pasión y compasión. 

El Arte de Amar en Pareja  es un proyecto creado por Juanfran y Ángeles Córdoba, que encuentra su razón de ser en esta idea de transitar del amor inmaduro al amor maduro.
El proyecto se concibe como un espacio de encuentro y conciencia para construir este Arte de Amarnos. Si sientes el llamado a realizar este trabajo en pareja, puedes encontrar más información aquí: Dossier



Ángeles Córdoba
Ángeles Córdoba
Ángeles es psicóloga, psicoterapeuta y analista bioenergética CBT, creadora con Juanfran Díaz del proyecto amarenpareja.com

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